Nº 2 · Territorio · 3 de octubre de 2026
Aguas arriba
El desplazamiento del deterioro en los arroyos de Montevideo
En setiembre de 2024, el punto más contaminado del arroyo Pantanoso no estaba junto a la bahía, donde el arroyo carga con décadas de industria, rellenos y asentamientos. Estaba en Camino Colman, cerca de sus nacientes, donde el suelo rural empieza a encontrarse con la ciudad. En ese muestreo, la estación que en los primeros años de la serie era la más limpia del arroyo registró la mayor carga orgánica y la mayor concentración de coliformes de todo el curso.
No fue un episodio aislado. Veinte años de mediciones muestran que el curso medio del Pantanoso mejoró mientras sus nacientes retrocedieron, y que el mismo patrón se repite en el Miguelete y en Las Piedras. Los arroyos de Montevideo se están recuperando donde la ciudad está consolidada y deteriorando donde la ciudad se expande. El problema no desapareció: se desplazó aguas arriba.
En julio de 2025 la Junta Departamental aprobó el Plan Parcial de Ordenación del Arroyo Pantanoso, después de casi dos décadas de estudios, programas de mejoramiento barrial y obras de saneamiento. La discusión pública sobre la cuenca suele girar en torno a una pregunta: si el arroyo está mejorando o no.
Esa pregunta, planteada así, tiene una respuesta engañosa. El arroyo no se comporta como una unidad. Mejora en algunos tramos y empeora en otros, y la distribución de esos cambios dice más sobre la ciudad que cualquier promedio.
Este ensayo se propone responder otra pregunta: dónde se está generando hoy el deterioro de los arroyos de Montevideo, y si los instrumentos de planificación están mirando ese lugar.
La hipótesis es que los planes por cuenca y las inversiones en saneamiento actuaron con eficacia sobre el pasivo acumulado en la ciudad consolidada y no alcanzaron, en cambio, a gobernar la interfase urbano-rural, donde la ciudad sigue creciendo sin la infraestructura que la acompañe. Allí se está formando el pasivo ambiental de las próximas décadas.
Un arroyo, tres ciudades
El Pantanoso es, junto al Miguelete, uno de los dos afluentes principales de la Bahía de Montevideo. Su cuenca, de unos 67 km², está contenida por completo dentro del departamento y reunía en 2011 a 194.881 personas, casi el 15% de la población de Montevideo, según el Censo de ese año recogido en la memoria del plan.
En un recorrido corto, el arroyo atraviesa tres ciudades distintas. En las nacientes, hacia Colón y Lezica, el suelo rural convive con urbanizaciones recientes, asentamientos y actividades productivas: criaderos, bloqueras, clasificación de residuos. En el curso medio, entre La Tablada, la Unidad Agroalimentaria y Paso de la Arena, predominan la logística, la industria y barrios con distintos grados de consolidación. En la cuenca baja, hacia el Cerro y la bahía, se concentran humedales, asentamientos históricos y el frente industrial del puerto.
El plan divide el recorrido en ocho tramos, numerados de las nacientes (1) a la desembocadura (8). A los efectos de este análisis se agrupan en tres: nacientes (tramos 1 y 2), curso medio (3 a 5) y cuenca baja (6 a 8).
La historia del arroyo explica buena parte de esa configuración. El Plan Director de 1956 destinaba esta zona al desarrollo industrial y preveía canalizar el cauce y rellenar sus tierras bajas con material del dragado del puerto. La canalización nunca se hizo. La ciudad creció igual hacia el arroyo dándole la espalda, con fondos de predio, rellenos y ocupaciones que llegaron hasta la orilla. Esa configuración en tres tramos es la clave de lo que sigue, ya que un promedio de la cuenca esconde que cada uno vive un proceso distinto.
Veinte años de mediciones
La Intendencia de Montevideo monitorea sus arroyos desde 1997. En el Pantanoso lo hace hoy en cinco estaciones sobre el curso principal, desde Camino Colman, en las nacientes, hasta los Accesos, junto a la bahía. Para cada una publica un índice simplificado de calidad de agua, el ISCA, con una serie continua desde 2005.
Leída año a año, la serie parece errática. Para ver la tendencia conviene comparar promedios de cinco años: el primer quinquenio de la serie, 2005-2009, frente al último, 2020-2024. El resultado ordenado de aguas arriba a aguas abajo muestra algo que ningún informe anual dice por separado.
En el Pantanoso, las tres estaciones del curso medio mejoraron. La de Luis Batlle Berres, que en 2005-2009 estaba en la franja de aguas deterioradas, subió diez puntos y hoy está en la categoría siguiente, la de aguas brutas. La desembocadura mejoró apenas y sigue siendo el tramo más degradado. Las nacientes recorrieron el camino inverso: Camino Colman era la estación más limpia del arroyo y hoy es la segunda peor, con una caída de diez puntos.
El muestreo de setiembre de 2024 con el que empieza este texto no es, entonces, una anomalía: confirma la tendencia. Camino Colman fue además, junto con los Accesos, uno de los dos puntos del curso principal con toxicidad en los bioensayos de ese año.
El mismo patrón en otros arroyos
Si el patrón del Pantanoso fuera una rareza, podría atribuirse a causas locales. No lo es. El Miguelete, el otro gran arroyo que desemboca en la bahía, muestra la misma forma.
El caso tiene un valor particular. El Miguelete cuenta con un Plan Especial desde 2003, y la memoria del plan del Pantanoso lo toma como su referencia obligada. Veinte años después, sus tramos urbanos centrales mejoraron: José María Silva y Luis Alberto de Herrera ganaron entre dos y cuatro puntos. Sus nacientes, en cambio, perdieron casi siete, y su desembocadura cerca de seis. El arroyo que tuvo plan primero anticipa el comportamiento del que acaba de tenerlo.
El arroyo Las Piedras, que recorre la interfase norte entre Montevideo y Canelones, completa el cuadro. Tres de sus cinco estaciones perdieron entre siete y doce puntos en el mismo período. La que más cayó, Camino Julio Sosa, pasó de un promedio de 70,8 a 58,6.
No todos los cursos siguen el mismo patrón. En la cuenca del Carrasco, las dos estaciones sobre el curso principal descendieron de forma pareja, entre tres y cuatro puntos, sin diferencia clara entre tramos. Es una cuenca con dinámicas propias, marcada por los bañados y la influencia del sitio de disposición final de residuos, y merece un análisis específico.
Con esa salvedad, el panorama es consistente. En los tres arroyos donde puede leerse un gradiente, la mejora se concentra en los tramos atravesados por la ciudad consolidada, y el deterioro crece donde la ciudad se encuentra con el suelo rural.
La ciudad que crece sin saneamiento
La explicación más consistente con los datos no está en el arroyo sino en la forma en que creció la ciudad. El Plan Director de Saneamiento y Drenaje Urbano, en su resumen ejecutivo de 2019, estimaba que la red daba servicio al 87% de la población de Montevideo y que unas 235.000 personas carecían de saneamiento adecuado, 180.000 de ellas en zonas sin red.
La distribución de esa población no es aleatoria. Según el mismo plan, la cuenca del Pantanoso es la de menor cobertura del departamento, con unas 33.000 personas sin servicio en Colón Norte, Lezica Sur, Los Bulevares, Paso de la Arena y Maracaná. En la cuenca del Miguelete, las zonas sin red se ubican en Manga, Instrucciones y Boiso Lanza, en el borde norte. En la cuenca del Las Piedras, en Abayubá. Son, casi punto por punto, los tramos donde el ISCA retrocedió.
El plan director ofrece además una pista sobre la dinámica. Señala que las obras ejecutadas desde 1992, con una inversión actualizada de unos 1.400 millones de dólares, dieron saneamiento efectivo a unas 60.000 personas, y lo atribuye a la dinámica migratoria. Dicho de otro modo: mientras la red avanzaba sobre la ciudad existente, una parte de la población se trasladaba hacia zonas que la red todavía no alcanzaba.
Otros registros apuntan en la misma dirección. La memoria del plan del Pantanoso describe las nacientes y la cuenca baja como los sectores de mayor concentración de población en situación habitacional irregular, con criaderos de animales, bloqueras y clasificación informal de residuos. Un estudio del Programa de Mejoramiento de Barrios sobre los asentamientos surgidos después de 2011 encontró que se ubican en zonas más periféricas y menos urbanizadas que los anteriores.
El mecanismo que sugieren estas fuentes es simple. La ciudad consolidada recibe saneamiento, realojos y espacio público, y su arroyo mejora. La frontera urbana crece sin esa infraestructura, y su arroyo empeora. El resultado agregado puede parecer estable mientras el mapa del problema cambia.
Un plan para la ciudad existente
El Plan Parcial de Ordenación del Arroyo Pantanoso, aprobado por el Decreto 39.184 de julio de 2025, es un instrumento especial de ordenamiento según la Ley 18.308, y sus determinaciones obligan a organismos públicos y a particulares. Su núcleo es la Cuña Verde, una franja continua junto al cauce, desde las nacientes hasta la bahía, delimitada por la curva de inundación de cien años de recurrencia, las alineaciones vigentes y los predios donde deben revertirse rellenos.
Dentro de esa franja quedan prohibidos los nuevos fraccionamientos, las construcciones, las ampliaciones y cualquier relleno sobre la planicie de inundación. Los asentamientos que la ocupan no se regularizan en el lugar: se relocalizan. Fuera de ella, el plan zonifica el riesgo hídrico en tres niveles, con prohibiciones en las zonas de riesgo alto, cotas mínimas de construcción en las de riesgo medio y una faja no edificable de 25 metros a cada lado de las cañadas sin modelación hidráulica. El decreto elimina además la afectación de canal heredada del proyecto de 1956 entre la avenida Luis Batlle Berres y la ruta de acceso.
El punto que interesa a este análisis es dónde pone el plan su esfuerzo operativo. Define tres áreas de actuación integrada, ordenadas por prioridad: primero Ombúes Nuevo, Cantera del Zorro y Cachimba del Piojo, en la cuenca baja; después el tramo entre Camino Colman y la avenida Lezica; y en tercer lugar el barrio Maracaná, también en la cuenca baja. Son las zonas con mayor pasivo acumulado, y su elección es razonable.
Para las nacientes, el plan propone otra cosa. El tramo entre la ruta 102 y Camino Colman se imagina como un parque productivo de acceso público. Al mismo tiempo, el decreto extiende hasta la ruta 102 el área potencialmente transformable a suelo urbano conocida como APT 26 y cambia su destino de uso preferente habitacional a uso mixto. Las nacientes quedan así definidas a la vez como reserva ambiental y como frontera de urbanización.
El plan no ignora el riesgo. Exige que la ocupación efectiva de las áreas a urbanizar cuente con infraestructura y servicios básicos, en línea con la Ley 19.525, y pide identificar y remediar los suelos contaminados antes de urbanizarlos. Las herramientas preventivas existen en el texto. La pregunta es si se aplicarán a tiempo, en el lugar donde los datos muestran que el deterioro ya empezó.
Límites del análisis
El análisis tiene límites que conviene explicitar. El ISCA es un índice simplificado: combina materia orgánica, sólidos en suspensión, oxígeno disuelto, sales y temperatura, sin incorporar nutrientes ni coliformes, dos de los parámetros más comprometidos del Pantanoso. Cada valor anual surge de tres campañas de muestreo, y el índice es sensible a las lluvias, como muestra el propio informe municipal al vincular la mejora general de 2024 con el fin de la sequía de 2023. Los promedios quinquenales atenúan esa variabilidad sin eliminarla.
La relación entre el retroceso de las nacientes y la expansión urbana sin red es una interpretación consistente con las fuentes, no una causalidad demostrada. Para confirmarla haría falta cruzar la serie de calidad de agua con datos georreferenciados de crecimiento de asentamientos, nuevas urbanizaciones y vertidos industriales en cada subcuenca. Esa información existe de forma dispersa en el Observatorio de Asentamientos de la Intendencia, en los censos y en los registros de efluentes industriales, y su integración es una línea de trabajo abierta.
Conclusiones
La pregunta del comienzo tiene dos partes, y los datos responden con distinta claridad a cada una. El deterioro de los arroyos de Montevideo se está generando hoy en la frontera urbana: en las nacientes del Pantanoso y del Miguelete, y en Las Piedras, donde la ciudad crece sin la red que la acompañe. En los tramos consolidados, en cambio, los arroyos mejoran. Lo que se observa no es una mejora ni un deterioro generalizados, sino un desplazamiento del problema aguas arriba.
La segunda parte tiene una respuesta más matizada. El Plan Parcial del Pantanoso mira las nacientes: el tramo entre Camino Colman y Lezica es su segunda área de actuación prioritaria, la Cuña Verde protege el cauce y la urbanización queda condicionada a contar antes con infraestructura. Al mismo tiempo, su primera prioridad está en la cuenca baja, y el mismo decreto amplía hacia las nacientes el suelo que puede volverse urbano. El plan mira la frontera, aunque la define a la vez como reserva y como área de expansión, y su eficacia allí dependerá de que las herramientas preventivas se apliquen antes de que la ciudad llegue.
De ese diagnóstico se desprenden algunas implicancias para la gestión. El éxito de un plan de cuenca no puede medirse solo donde se concentra el pasivo histórico. Si la cuenca baja mejora mientras las nacientes retroceden, el resultado neto es un problema trasladado, no resuelto. El seguimiento que el decreto prevé cada cinco años debería leer la cuenca por tramos y fijar metas para cada uno, incluidas las nacientes.
Hay también una cuestión de costos. Los realojos, los parques lineales y la reversión de rellenos de la cuenca baja son la respuesta a décadas de ocupación sin infraestructura. En las nacientes todavía es posible evitar ese ciclo, siempre que la exigencia de contar con saneamiento antes de la ocupación efectiva, que el propio plan establece, se aplique con rigor y en el orden correcto. Prevenir es, casi siempre, más barato que reparar.
Por último, la frontera urbana necesita instrumentos propios. Los planes por cuenca nacieron para reparar la relación de la ciudad con sus arroyos en los tramos donde esa relación ya estaba dañada. La interfase urbano-rural, donde se forman los problemas de las próximas décadas, requiere una mirada que combine ordenamiento del suelo, provisión anticipada de infraestructura y control efectivo de lo que se vierte.
Durante buena parte del siglo XX, Montevideo creció dándole la espalda a sus arroyos. Los planes de cuenca intentan hoy reparar esa historia en la ciudad que ya existe, y los datos muestran que en buena medida lo están logrando. La ciudad aprendió a reparar sus arroyos. Lo que todavía no aprendió es a no volver a dañarlos, aguas arriba, mientras sigue creciendo.
Nota de método y fuentes
Método. Se utilizaron los valores anuales del Índice Simplificado de Calidad de Agua (ISCA) publicados por la Intendencia de Montevideo para cada estación del curso principal de los arroyos Pantanoso, Miguelete, Las Piedras y Carrasco entre 2005 y 2024. Para cada estación se calculó el promedio simple del primer quinquenio de la serie (2005-2009) y del último (2020-2024), y se comparó la diferencia. Las estaciones se ordenaron de aguas arriba a aguas abajo. Las categorías de calidad corresponden a la escala del índice: 31 a 45, aguas deterioradas; 46 a 60, aguas brutas; 61 a 75, aguas medias. La comparación puede repetirse con las series que se publiquen en el futuro para verificar si la tendencia descrita se mantiene.
Fuentes.
- Intendencia de Montevideo, Servicio de Evaluación de la Calidad y Control Ambiental. Programa de Monitoreo de Cuerpos de Agua de Montevideo. Informe anual 2024. Tablas 5.1.2, 5.2.2, 5.3.2 y 5.4.2 (serie ISCA 2005-2024), tablas 5.2.1 y 5.7.2 (parámetros y bioensayos 2024).
- Junta Departamental de Montevideo. Decreto N.º 39.184, Plan Parcial de Ordenación del Arroyo Pantanoso, 21 de julio de 2025. Artículos 18, 45, 46, 49 a 62, 65 y 67, y artículos 2.º y 8.º del decreto.
- Intendencia de Montevideo, Departamento de Planificación. Plan Parcial del Arroyo Pantanoso. Memoria de Información, setiembre de 2019. Incluye datos del Censo 2011 (INE) y los antecedentes del Plan Director de 1956 y del Plan Especial del Arroyo Miguelete (Decreto N.º 30.302, 2003).
- Intendencia de Montevideo. Plan Director de Saneamiento y Drenaje Urbano de Montevideo. Resumen ejecutivo, 2019.
- Ministerio de Vivienda, Programa de Mejoramiento de Barrios, Unidad de Evaluación y Monitoreo. Informe técnico. Asentamientos recientes en Uruguay, 2018.
Datos consultados en setiembre de 2026.